¿Dónde vivo?

Soy de un pueblo costero de la Costa Brava, he vivido toda la vida allí y nunca he sentido que pertenecía a esa pequeña localidad. Siempre me he sentido como un pez fuera del agua, como los outsiders de Tim Burton, pequeños seres incomprendidos que esconden un gran corazón tras una fachada oscura y singular de la que nadie parece querer formar parte.

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Cuándo empezó todo?

El otro día estaba tranquilamente escuchando a una compañera en una terapia grupal cuando, sin venir a cuento, me vino a la cabeza la primera vez que me autolesioné. Aunque en ese momento no tenía ni idea de lo que era una autolesión, ni sabia lo que significaba ese rasguño en la mano, encontré esa alternativa en el que una compañera de clase se estaba metiendo conmigo y, para no pegarle un puñetazo (que recuerdo que era lo que tenía ganas de hacer), quise evitar un mal mayor rascándome la mano para sacar la mala leche. Sigue leyendo “Cuándo empezó todo?”

Baño de espuma

Ana por fin volvía del trabajo. Era una noche de finales de octubre y empezaba a tener frío, así que se apresuró para llegar a casa cuanto antes. Hacía un año que se había mudado a ese pequeño apartamento y lo que más adoraba era la bañera, donde se daba unos baños de espuma relajantes cuando sentía que el estrés del trabajo empezaba a poder con ella.

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Qué significa estar enfermo?

Siempre se había preguntado como era estar en la mente de una persona enferma.  Qué se siente cuando te da un brote psicótico? Y cuando se es bipolar? Y si se tiene un trastorno límite de la personalidad? O mejor aún, qué siente una persona psicópata? Nada. Un psicópata por definición no siente, no se arrepiente cuando hace daño a otra persona, ni sufre por si le hacen daño porque es incapaz de querer realmente a nadie. Qué envidia. Hay días en que desearía ser psicópata.

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Café vs. Té

Por qué no puedo levantarme, mirar por la ventana con una gran sonrisa y decir: Pues hoy va a ser un día estupendo, que ganas de hacer cosas!

En cambio, mi realidad consiste en levantarme, intentar no caer, despegar los ojos mientras con una expresión facial de lo más grotesca miro la puerta en dirección al baño, tropiezo con los zapatos, la ropa que anoche tiré en el suelo, tres cojines, un perro, cinco pelotas que el perro no recoje y, después de haber rebotado por las paredes del pasillo, llego al baño y vuelvo a dormirme sentada en la taza.

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